Contentisimo. Arturo entró al centro social muy contento. Eso que llegamos y nos mandaron subir al segundo piso, no al salón dónde estuvieron ayer. Me dió un beso y me fui.
A medio día, fue a buscarlo el abuelo, para variar, he tenido una mañana de locos.
Los monitores me han escrito en la libreta que han estado jugando a un juego para conocer el nombre de los niños, escuchando música y han ido al aula de los mayores (deduzco que eso mi hijo, porque estaría ya aburrido).
Ha llegado a casa loco de contento, bueno, con menuda emoción.!
Se me olvidó apuntar que no conseguimos que saque la lengua para rechupetear si le manchamos el bigote, pero sí parece que saca la lengua para chupar el plato con restos de tarta de chocolate.
La semana pasada ha descubierto la tarta de chocolate, bueno ha descubierto que le gusta a su tía, y a él le ha parecido interesante comerle la tarta. !Qué emoción en cuanto le poníamos un plato delante!!. Como siempre, con Arturo funciona la doble intención. El verbo chinchar se lo sabe de maravilla.
Hoy hemos tenido sesión con Ana, toooda la hora trabajando. Genial muy muy bien.
Al 99,9% podemos decir que Arturo asocia todos los colores. Ha soltado la lengua, papá, mamá, más...más muchas veces, lo que hace querer galletas.
Le he regalado una gorra con su nombre bordado. Nunca le han gustado las gorras, nunca hasta ahora, que se ve guapo con ellas, se mira, se la coloca, se la pone, se la quita. Tiene tres o cuatro gorras y está de un presumido subido. Por el momento es un juego o capricho. Si no hay gorra no pasa nada, o si le quitas la que lleva tampoco. No es ninguna obsesión, pero no está de más estar vigilante.
Hemos salido de casa para ir a la sesión a la vez que su tía. El caso es que mi hermana empezó: tata, montaros en mi coche y os llevo al vuestro. Y yo, no Sara, que total tengo el coche en la puerta.
Entre tanto, Arturo se metió con su tía en el ascensor, para bajar al garaje. Y yo: Arturo, ven, que vamos en nuestro coche. El otro dentro, diciendo que no con la cabeza. Todo esto si llorar ni protestar. El resultado. Todos en el coche de mi hermana a la sesión. Arturo contentísimo en su elevador. Porque eso si, mi hermana se compró coche nuevo, y lo primero que hizo fue comprar un elevador para cuando tuviese que llevar al niño (eso sí que es ser tía). Qué cara de satisfacción. Aparcamos delante de la consulta, nos bajamos (antes Arturo le dió un beso a su tia) y qué fiestas le hacía desde la acera...un espectáculo. Los pobres abuelos vinieron a buscarnos a la salida.
Hoy he enviado los paquetes a la Comisión de Peticiones de Congreso, la del Senado, y al Parlamento Gallego. Un pastón en franqueo postal, pero bien empleado. Vamos, que me he quedado más ancha que larga cuando he dejado en Correos los sobres.
Mañana toca Parlamento Europeo, y de nuevo a la Oficina Permanente especializada del Consejo General de la Discapacidad (ya tienen el expediente, pero sin contestar). También he contactado con Amnistía Internacional, a ver que me cuentan.
A medio día, fue a buscarlo el abuelo, para variar, he tenido una mañana de locos.
Los monitores me han escrito en la libreta que han estado jugando a un juego para conocer el nombre de los niños, escuchando música y han ido al aula de los mayores (deduzco que eso mi hijo, porque estaría ya aburrido).
Ha llegado a casa loco de contento, bueno, con menuda emoción.!
Se me olvidó apuntar que no conseguimos que saque la lengua para rechupetear si le manchamos el bigote, pero sí parece que saca la lengua para chupar el plato con restos de tarta de chocolate.
La semana pasada ha descubierto la tarta de chocolate, bueno ha descubierto que le gusta a su tía, y a él le ha parecido interesante comerle la tarta. !Qué emoción en cuanto le poníamos un plato delante!!. Como siempre, con Arturo funciona la doble intención. El verbo chinchar se lo sabe de maravilla.
Hoy hemos tenido sesión con Ana, toooda la hora trabajando. Genial muy muy bien.
Al 99,9% podemos decir que Arturo asocia todos los colores. Ha soltado la lengua, papá, mamá, más...más muchas veces, lo que hace querer galletas.
Le he regalado una gorra con su nombre bordado. Nunca le han gustado las gorras, nunca hasta ahora, que se ve guapo con ellas, se mira, se la coloca, se la pone, se la quita. Tiene tres o cuatro gorras y está de un presumido subido. Por el momento es un juego o capricho. Si no hay gorra no pasa nada, o si le quitas la que lleva tampoco. No es ninguna obsesión, pero no está de más estar vigilante.
Hemos salido de casa para ir a la sesión a la vez que su tía. El caso es que mi hermana empezó: tata, montaros en mi coche y os llevo al vuestro. Y yo, no Sara, que total tengo el coche en la puerta.
Entre tanto, Arturo se metió con su tía en el ascensor, para bajar al garaje. Y yo: Arturo, ven, que vamos en nuestro coche. El otro dentro, diciendo que no con la cabeza. Todo esto si llorar ni protestar. El resultado. Todos en el coche de mi hermana a la sesión. Arturo contentísimo en su elevador. Porque eso si, mi hermana se compró coche nuevo, y lo primero que hizo fue comprar un elevador para cuando tuviese que llevar al niño (eso sí que es ser tía). Qué cara de satisfacción. Aparcamos delante de la consulta, nos bajamos (antes Arturo le dió un beso a su tia) y qué fiestas le hacía desde la acera...un espectáculo. Los pobres abuelos vinieron a buscarnos a la salida.
Hoy he enviado los paquetes a la Comisión de Peticiones de Congreso, la del Senado, y al Parlamento Gallego. Un pastón en franqueo postal, pero bien empleado. Vamos, que me he quedado más ancha que larga cuando he dejado en Correos los sobres.
Mañana toca Parlamento Europeo, y de nuevo a la Oficina Permanente especializada del Consejo General de la Discapacidad (ya tienen el expediente, pero sin contestar). También he contactado con Amnistía Internacional, a ver que me cuentan.
![Tea[1]](http://actuable.es/system/images/3789/medium/TEA[1].jpg)



